Ilustración de una batalla.

Los primeros ejércitos romanos de la República

Durante los primeros siglos de la República el ejercito de la República Romana fue tomando su forma característica con la que lo conocemos hoy en día. No obstante, serían las reformas de Mario las que realmente lo convertirían en una…

Este artículo pertenece a la serie de artículos: el ejército romano temprano

El ejército romano durante la monarquía
El ejército romano en la temprana República (usted está aquí)
―― El sistema manipular y la formación triplex acies
Las reformas militares de Mario
―― Las legiones de Mario y las cohortes

Introducción

Tras la caída de los reyes romanos, los cuales utilizaban una configuración del ejército fuertemente inspirada en las falanges griegas, los primeros ejércitos romanos de la República Romana llegaron a través de extensivas reformas a tomar la forma y la dinámica de lo que hoy en día entendemos como un ejército romano. Si bien la verdadera maquinaria bélica de Roma ocurriría posteriormente con las reformas de Mario,los cambios que harían los primeros cónsules serían vitales para la dominación de Italia y sus alrededores.

Inmediatamente tras la caída de los reyes etruscos

Al unirse a la Liga Latina Roma debe adoptar varios de sus modos y luchar otra vez junto a otras razas itálicas a manera de aliados; la falange seguiría siendo la formación predilecta. En esta etapa también comienza a abandonar la estructura de columnas en el ataque y a gradualmente a estandarizar la centuria como organización principal.

Un detalle notable de este período es la poca cohesión del ejército ya que, en cierta medida similar a las milicias feudales de la Edad Media, las tropas solían mantenerse agrupadas junto a un patricio poderoso que las auspiciaba o que las había reunido por su cuenta. Incluso a pesar de ser el cónsul a quien debían de obedecer a veces le eran más leales a éste hombre causando tensiones y problemas. Semejante falla le ofrecía al enemigo contar con la ventaja de enfrentarse a una legión romana desordenada y fraccionada, la cual frecuentemente debía retirarse tras que una o más de sus columnas no trabajara en conjunto y cayera antes de tiempo, abriendo la posibilidad de ser el ejército entero flanquea por el enemigo.

Son varios los autores clásicos , como por ejemplo Dionisio, que señalan el número de tropas en 4 mil. Tito Livio por su parte da una versión de 4200 infantes y 300 jinetes y, en ocasiones especiales, de un máximo de 6 mil hombres.

Las reformas de Camilo y la creación de la legión

Ilustración de la cara de una moneda en honor a Marco Furio Camilo.
Marco Furio Camilo, considerado por los romanos como el «segundo fundador de Roma».

Roma ciertamente no estaba pasando un buen momento, en el 387 aC los celtas de Breno, pintados de rojo y sembrado terror en la población, vencen a las tropas romanas a pesar de su fiel resistencia y, en un acto que quedaría grabado a fuego en la memoria de los romanos por siglos, saquean la ciudad. Si bien Breno permanece poco tiempo en Roma, la humillación fue incontenible. De hecho de este saqueo surge la famosa frase «Ay de los vencidos!» pronunciada por Breno al arrojar su espada en la balanza adulterada que los romanos debían llenar con oro como tributo.

A finales del siglo IV aC El cónsul y cinco veces dictador, Marco Furio Camilo, considerado por los romanos como el «segundo fundador de Roma», realizó una serie de reformas las cuales comenzaron a darle forma al ejército romano en una estructura más similar a la que hoy reconocemos como el ejército romano. Tras la humillación que Roma sufrió a manos de los celtas del valle de Po, quienes lograron invadir la campiña y llegar a saquear la misma Roma, Camilo entendió que un replanteo profundo del ejército era necesario. Si bien mantuvo aspectos de los ejércitos monárquicos de Roma, como un vestigio de la agrupación por clases de Servio Tulio, introdujo el concepto de legión, legio, y da los primeros pasos en la implementación del sistema de manípulos manipuli que en latín significa puñados. Esto hizo que Roma definitivamente se aleje de las configuraciones compactas y rígidas inspiradas en los hoplitas griegos que venía utilizando.

Así mismo, subdividió a cada legión en centurias con una configuración que comprendía:

  • 18 centurias de equites.
  • 82 centurias de primera clase (2 de las cuales eran ingenieros)
  • 20 centurias de la segunda clase
  • 20 centurias de la tercera clase
  • 20 centurias de la cuarta clase
  • 32 centurias de la quita clase (2 de las cuales eran trompeteros)

Según Tito Livio el ejército estaba compuesto por 15 líneas cada una divida a su vez en tres partes (como podemos observar en la gráfica casi al final de este artículo). La introducción del manípulo es de vital importancia, ya que eliminaba la rigidez que sufría el modelo anterior y le otorgaba al ejército una flexibilidad muy superior. De aquí en más en un mismo instante de la batalla cada manipulo podría tratar de cumplir una meta especifica, dándole así al general la posibilidad de llevar a cabo estrategias de flanqueo y encierre mucho más complejas.

Ilustración de los soldados de la república romana temprana.
Hastati, velite, triarii, y princepe. Vemos en el triarii el casco de estilo corintio adoptado directamente de los tiempos etruscos. El cual mantenía la típica máscara corintia pero en vez de utilizarla propiamente como una máscara se la reducía a un adorno para la parte superior del casco.

La legión comienza a tomar forma, reforma del 320 AC

Composición del ejército

Ilustración mostrando a los romanos derrotados por los samnitas.
Los samnitas de Poncio humilla a los romanos obligándolos a pasar por debajo del yugo. Vemos al fondo, como el yugo se hacía amarrando tres lanzas.

Hay dos eventos históricos clave que llevaron a Roma a moldear nuevamente su ejército: en el 340 aC tras una gran guerra se disuelve la Liga Latina, dejando a roma otra vez por su cuenta; y en el 321 aC se pierde una sangrienta batalla contra los samnitas de Poncio debiendo sufrir la humillación de pasar por debajo del yugo. Ciertamente Roma tenía cada vez más enemigos pero a la par más experiencia con la cual contrarrestarlos. Y es justamente en este punto de la historia que Roma comienza a dejar de ser una ciudad más en el mapa y gradualmente comienza a conquistar todo a su paso hasta convertirse en la Caput Mundi. Por lo que es lógico asumir que un estado conquistador necesita a su vez de un ejército efectivo. Con este fin Roma puliría el sistema de manípulos adoptado tras el saqueo del 387 aC llevando a su ejército a niveles realmente extraordinarios. Con esto en mente aproximadamente cerca del año 320 aC se plantea una gran reforma, y es precisamente con esta modificación que el ejército comienza a parecerse a lo que hoy en día consideramos el ejército romano.

Según los historiadores Tito Livio y Polibio, aunque con serias discrepancias entre ellos, el ejército se componía de tres líneas de infantería pesada organizadas en diez manipulos cada una, siendo cada manipulo formado por dos centurias. En el caso de los hastati y de los principes los manipulos consistían de 120 a 160 hombres; en el de los triarii el número era cerca de 60 hombres. Otra configuración aceptada es la de 120, 120, 60 consecuentemente numerando la legión en 3 mil hombres. Este número, no obstante, es subjetivo ya que la cantidad de hombres en el manipulo depende realmente del tamaño de la centuria -ya que un manipulo estaba compuesto por dos de estas-, en las épocas de las centurias de 60 hombres sería de 120 y en las de 80 hombres de 160 -de todas maneras las centurias de 80 hombres eran extremadamente raras en este período y sería solo hasta la Reforma de Mario que comienzan a ser estandarizadas-. Con respecto a la retaguardia tanto los rorarii como los accensi quedan en desuso, ya que no eran de mucha utilidad a la funcionalidad de la estrategia de combate romana actual. Adicionalmente cada manipulo contaría con una unidad de cuarenta velites -lanzadores de jabalinas e infantería liviana, compuestos por los anteriormente llamados leves y también en parte por los antiguos accensi y rorarii- cuyo objetivo principal era el de ubicarse en la línea frontal y bañar al enemigo con una lluvia de jabalinas. Por último, a pesar de ser distinguida con un gran prestigio social y de estar conformada por los caballeros ecuestres, la caballería en batalla no era muy efectiva y servían más que nada a modo de vigías de larga distancia y pantallas de distracción. Si bien debían de proveerse del equipamiento militar el caballo era pagado por el estado.

Esquema de la formación romana triplex acies
Formación triplex acies. En la Prima acies iban los soldados más experimentados. Cada cohorte contenía alrededor de 360 hombres.

Además de los ciudadanos el ejército generalmente estaba compuesto de aliados -cuyo número rondaba entre los cuatro mil a cinco mil infantes y unos novecientos jinetes- comandados por oficiales romanos. Comúnmente estos auxiliares, o alae, cubrían los flancos. Como comandantes de cada centuria, romana y aliada, se empleaban dos centuriones, uno anterior y otro posterior. No obstante, Polibio menciona la ubicación a la derecha del Centurión mayor. De todas maneras hoy esto es dejado de lado ya que la evidencia indica que los centuriones se ubicaban posterior y anteriormente. Sin embargo, a pesar de la inconsistencia con respecto a la ubicación de los Centuriones, el texto de Polibio es útil en detalle:

De cada una de estas clases de soldados, menos de la de los vélites, se sacan diez capitanes, con respecto al valor. Después de éstos se escogen otros diez, y todos se llaman centuriones, de los cuales el primer elegido tiene entrada en el consejo. Éstos vuelven a elegir otros tantos tenientes. Síguese después la división de cada cuerpo, a excepción de los vélites, por edades en diez partes, y a cada una la asignan dos jefes de los escogidos y dos tenientes. Los vélites, a proporción del número, están divididos por igual en todas las otras partes. Cada una de éstas se llama centuria, cohorte o manípulo, y sus jefes centuriones o capitanes. Cada uno de éstos escoge en su manípulo dos, los más esforzados y valientes, para llevar las banderas. No es sin motivo el poner dos capitanes a cada centuria. Pues no sabiéndose lo que hará uno solo o lo que le podrá ocurrir, y por otra parte en materias militares no tengan lugar las excusas, no quieren que la centuria esté jamás sin quien la mande. Cuando los dos jefes se hallan presentes, el primer elegido manda la derecha de la cohorte y el segundo la izquierda; pero si uno de ellos está ausente, el que resta la conduce toda. En la elección de centuriones no tanto se mira a la audacia e intrepidez como al talento de mandar, constancia y presencia de ánimo. No se quiere que sin más ni más vengan a las manos y den principio al combate, sino que perseveren en la prepotencia y opresión del enemigo, y perezcan antes que abandonar el puesto.

Polibio
Esquema del sistema de manípulos.
El Ejército Romano pre reforma de Mario se agrupaba en unidades tácticas denominadas manipulos. Cada fila abría brechas para dejar pasar las centurias debilitadas por el combate, para volverlas a cerrar antes de combatir. Formando así una pared de hombres que se abría y cerraba dada la necesidad del momento.

El sistema manipular y la formación triplex acies

Para mayor claridad hemos separado la descripción del sistema de manípulos y la formación triplex acies en un artículo individual.

Artículo principal sobre El sistema manipular y la formación triplex acies.

El entrenamiento de las primeras legiones

Con respecto a la disciplina y el entrenamiento debemos hacer una clara y pertinente mención. Cuando nos referimos a un ejército amateur no lo hacemos desde el punto de vista del combate, ya que en los tiempos romanos todo hombre de 17 años en adelante poseía una gran destreza en la utilización de espadas, lanzas y escudos. Durante la niñez y la adolescencia sus juegos justamente estaban orientados a aprender a luchar y uno de los primeros regalos que se le hacía a un niño era una espada de madera para que practique jugando con sus amigos. Además los padres y tíos cumplían un rol de tutores con respecto al manejo del armamento y de la lucha en general. El acondicionamiento físico tampoco era necesario ya que debemos observar que el grueso del ejército provenía de campesinos, los cuales pasaban su vida haciendo todo tipo de tareas físicas al cultivar sus tierras y cuidar sus animales. Su condición física era tan óptima que por autores clásicos sabemos que eran capaces de cubrir una milla y media en menos de 15 minutos sin fatigarse demasiado si las condiciones de la batalla lo ameritaban.

Teniendo esto en cuenta podemos asumir que no era necesario enseñarles a luchar ya que éstos sabían hacerlo muy bien ni había que acondicionarlos físicamente para soportar el trajín del combate. Lo que se debía de enseñarles con cada nuevo rearmado del ejército era disciplina y como mantenerse en formación. ya que el resultado de una batalla podía ser llevado a un nivel caótico si los hombres no sabían mantener sus filas y formarse correctamente, dándole así la oportunidad al enemigo de desbordarlos y arrasarlos. Razón suficiente como para enfocar el entrenamiento de la legión en este aspecto antes de la batalla. La rigidez era tal que el centurión normalmente cargaba una vara de mando con la que golpeaba fuertemente al soldado que fallara en el entrenamiento.

Flavio Vegeto en su De Re Militari menciona parte de este entrenamiento y acondicionamiento:

No hay parte más esencial de la conducta en acción de los soldados que mantener sus posiciones con gran exactitud, sin separarse o juntarse demasiado. Las tropas muy ensimismadas no pueden luchar en su mejor manera, y solo logran molestar a sus compañeros. Si su ordenamiento es muy abierto y disperso, éstos le dan al enemigo la oportunidad de penetrar. Si esto ocurre y son atacados por la retaguardia, el desorden y la confusión universal son inevitables. Los reclutas deben entonces estar constantemente en el campo de batalla, siendo formados en principio en una sola posición. Deben aprender a ordenarse en línea recta y a mantener una distancia uniforme y justa entre hombre y hombre. Luego se les debe ordenar mantener una doble fila, lo cual deben realizar rápidamente, e instantáneamente cubrir a sus líderes de fila. En la siguiente etapa, deben doblar el número de filas nuevamente formando cuatro. Deben ser enseñados a formar en círculo u órbita; las tropas bien disciplinadas, luego de vencer al enemigo, toman esta posición evitando que huya un número elevado de rivales. Si estas evoluciones, comúnmente son practicadas en el campo de ejercicio, serán realizadas fácilmente en la batalla.

De Re Militari, Flavio Vegeto.
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