La guerra contra los Partos 161–166

La guerra contra el Imperio de Partia fue la primer prueba que debió enfrentar el flamante emperador Marco Aurelio.

Introducción

La guerra entre Roma y el Imperio de Partia tuvo su inicio en el año 161 y fue la primer guerra de importancia a la cual debió enfrentarse Marco Aurelio.

Artículo principal sobre Marco Aurelio.

Causales y origines

Este conflicto tuvo su origen inmediatamente después de la reunificación del Imperio de Partia, evento político y social que llevó al rey parto Vologeses III a lograr la consolidación total de poder. El rey parto tendría a su disposición un imperio revitalizado y reanimado, con un ejercito de considerable tamaño y tropas veteranas con experiencia en batallas con alto nivel de organización y gran conocimiento del territorio de su imperio.

Moneda de Vologeses III.
Vologeses III.

Si bien los dominios de Vologeses III se encontraban en orden y revitalizados, este no era el caso en la Roma del flamante emperador Marco Aurelio. Roma había experimentado recientemente una sucesión imperial y se encontraba en un estado de desorden e incertidumbre. Aprovechando esta falta de orden y confusión general en las filas de los poderes políticos y militares romanos, Vologeses III invade Siria y Armenia -regiones que siempre significaron un punto de tensión con Roma- casi de manera instantánea tras enterarse de la muerte de Antonio Pio. Los Partos comenzaron así una campaña exitosa arrasando con los primeros intentos de resistencia y oposición Romana con gran facilidad.

Una Roma debilitada

Busto de Lucio Vero, el hermano de Marco Aurelio.
Busto de Lucio Vero, el hermano de Marco Aurelio.

Marco Aurelio sabía que debía actuar rápido y dejar en claro la importancia que le daba el Imperio a ésta guerra, no solo por los territorios en si, sino que además debía hacerlo para afianzar su posición política dentro del Imperio Romano en si mismo. A su vez, Marco Aurelio debía evitar a toda costa la oportunidad de que un general carismático y popular entre las tropas ascienda al poder y lo comience a rivalizar dentro de las estructuras de poder romanas poniendo en serio riesgo su posición. Algo muy común a lo largo de la Historia romana cabe decir. Por todo lo anteriormente mencionado, Marco Aurelio decide entonces no arriesgarse y envíar a su hermano y co-emperador Lucio Vero a comandar en persona a las legiones y el curso de la guerra. Si bien Vero carecía de experiencia militar y su severidad con las tropas no traía buenos ojos a sus acciones -por parte del mismo ejército Romano-, Marco Aurelio se encargó de dotarlo con los mejores generales y estrategas a disposición del Imperio. Decisión que se mostraría fructífera prontamente, dando como resultado que en el 162 un notable cambio en el curso de la guerra y tornando la situación a favor de Roma. Comenzando así a a reclamar las primeras victorias sonantes del conflicto.

En este relieve perteneciente a uno de los monumentos de Partia.
En este relieve perteneciente a uno de los monumentos de Partia, pueden apreciarse a Lucio Vero y Marco Aurelio luchando contra los partos.

Roma cambia el curso de la guerra

Con el pasar de los siguientes años, la campaña Romana sería de tal éxito que se conquistan Armenia – instalando un Rey favorable a Roma-, el Norte de la Mesopotamia y Ctesifonte -que es totalmente arrasada y destruida-.

Para el año 166 los Partos se encontraban con pocas o ninguna posibilidad estratégica de defensa, debiendo capitular y viéndose obligados a aceptar la paz bajo los términos Romanos

Detalle de la Columna de Marco Aurelio, la cual relata sus batallas y logros. La misma contiene varias escenas de las batallas en Partia
Detalle de la Columna de Marco Aurelio, la cual relata sus batallas y logros. La misma contiene varias escenas de las batallas en Partia

Consecuencias de la guerra

Durante el asedio de Seleucia varios soldados romanos murieron a causa de una peste que hoy se cree fue viruela o sarampión. Tras finalizar la guerra, varios cientos de los soldados que retornaron a Roma estaban enfermos, y así expandieron a Roma una de las peores y más mortíferas pestes que azotaron al Imperio Romano, la Plaga Antonina.

Artículo principal sobre la Plaga Antonina.

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