Dos cónsules romanos escuchando a un senador.

Los cónsules en la República y en el Imperio

Las funciones de los cónsules que en la república ocupaban el centro del poder, con el llegar del imperio perderían toda su importancia, convirtiéndose en un cargo meramente decorativo.

Nota: este artículo trata exclusivamente sobre las tares y funciones de los cónsules. Ir al artículo principal sobre los cónsules para más información.

Funciones de los cónsules en la República

En la era Republicana ocupar oficiar de cónsul era ocupar el cargo de mayor poder y nivel. Sus acciones y decisiones estaban por y sobre todos, en un principio, solo podían ser restringidas por escasas oportunidades como un veto consular del otro cónsul o por una revuelta grande en el Senado, o en los momentos de crisis donde un dictador era puesto al poder. Otra limitación al poder de decisión de un Cónsul era si dicha decisión contradecía lo establecido por una ley anteriormente impuesta. Con la instauración de los Tribunos de la Plebe la balanza de poder comienza a equilibrarse ya que éstos contaban con la ventaja de que sus decisiones tenían cierta inmunidad sobre los vetos consulares. De todas maneras los Cónsules tenían el poder suficiente como para frenar o modificar decisiones tomadas por los pretores, ediles, Cuestores y otras magistraturas.

Las funciones de los cónsules eran de largo espectro y tenían un largo alcance. Estas iban desde el índole político como la convocación a sesiones del Senado, la formación de asambleas; y de carácter legal como principalmente la formación y proposición de nuevas leyes -hecho que solía traer muchas discusiones-. Otra de sus principales tareas era la de ser los artífices, algo así como el musculo, de las decisiones tomadas por el Senado y del pueblo.

Militarmente tenían un rango equiparable al de los presidentes actuales y su designación de «Comandantes en Jefe», así mismo sus acciones también incluían el reclutamiento y asignación de las legiones -podemos ver, al menos en los tiempos jóvenes de la República, varias anécdotas y recuentos de cónsules parados en un atrio impulsando a los ciudadanos a unirse al ejército. Lo que nos dice que, a su vez, el resultado de una guerra dependía del carisma del Cónsul-. Los cónsules romanos también oficiaban como generales. Cuando la guerra tocaba las puertas de Roma éstos solían dividir el ejército en dos mitades e iban a la batalla junto a sus tropas. Aquí, en la parte militar de su gobierno, es que también cumplían una función de índole religioso. Eran los encargados de recitar los augurios antes de emprender una nueva campaña. Notablemente, como acabamos de ver, no era extraño el que un Cónsul acompañara a las legiones a la batalla, lo que daba como resultado que una cantidad considerable de éstos perdiera la vida antes de terminar su mandato y debieran de ser reemplazados. Si ambos cónsules morían en batalla el Senado declaraba un Interrex

Lictores portando sus fasces.
Lictores portando sus fasces.

Al principio de la República solo los patricios eran aptos para el cargo, es decir, solo siendo patricio se podía aspirar a postularse para dicha magistratura. Tito Livio es uno de los autores que nos comenta sobre esta desigualdad y es a la vez una de las fuentes más importantes sobre las características de esta magistratura. En sus trabajos encontramos una colorida descripción sobre como los patricios -la aristocracia, descendientes de los paires fundadores- luego de tomar el poder de las manos de los monarcas eran los únicos que podían postularse para el cargo de Cónsul. Con el paso de los años esta falta de representación en el sector más pobre fue trayendo serios problemas que terminaron en varias escaladas de conflictos sociales. Podemos trazar la primer revuelta en el conflicto de los ordenes, donde la plebe abandona Roma para refugiarse en una colina cercana -según otras fuentes solo amenazaron con irse pero no lo concretaron-.

Tras esta huida los Senadores se acercan y ofrecien al pueblo la representación de dos Tribunos encargados de protegerlos y velar por sus derechos. Este conflicto fue el primero de los peldaños que llevaron en el 367 ac a la Lex Liciniae Sextiae, ley que establece definitivamente que al menos uno de los Cónsules debía ser un plebeyo. Podía haber dos cónsules plebeyos o un cónsul patricio y otro plebeyo pero nunca dos cónsules patricios simultáneamente. Esta ley fue impulsada y concretada por dos Tribunos Consulares -los tribunos militares Lucius Sextius Lateranus y Gaius Licinu Stolo. Es dudoso que los patricios estuvieran de acuerdo con semejante medida, sin embargo, y muy posiblemente, dado el debilitamiento en las familias patricias a causa de los conflictos recientes y la presión impuesta por la plebe, se terminó dando lo previsto en dicha ley y en el 367 aC Lucius Sextius es elegido como Cónsul siendo el primer cónsul plebeyo. Dicha aseveración histórica puede ser cuestionada, refiriéndonos a si Lucius Sextius fue realmente el primer cónsul plebeyo o no, ya que hay presentes Cónsules con nombres no pertenecientes a las diferentes gens -familias patricias-anteriormente a esta fecha en varios registros.

Una reducción del poder de los cónsules se da también en este año. Su poder judicial es transferido a los pretores. No obstante los Cónsules podían ejercer poder judicial en casos extraordinarios como crímenes a dignatarios formando un senatus consultum. Sin embargo no debemos ver esto como una limitación a su figura. Tengamos en cuenta que Roma había crecido en tamaño y extensión considerablemente y era necesario diversificar las tareas en varias oficinas para así garantizar el correcto funcionamiento del estado Romano.

De todas maneras es importante no confundir el poder del Cónsul con el de un Rey. A pesar de tener control total sobre las tropas el modelo de gobierno romano se aseguraba de que el Cónsul esté completamente en concordancia con el Senado, ya que sin el visto bueno de éste le sería imposible realizar una campaña o acción política. Polibio de Megalopolis en su sexto libro lo detalla de manera impecable:

Una vez expuesto cómo la República Romana esta dividida en tres especies de gobierno, veamos ahora de qué forma se pueden oponer la una a la otra, o auxiliarse mutuamente. El cónsul, después que revestida de esta dignidad sale a campaña al frente de un ejército, aunque parece absoluto cuanto al éxito de la expedición, sin embargo necesita del pueblo y del Senado, sin los cuales no puede llevar a cabo sus propósitos. Al ejército por precisión se le han de estar remitiendo, provisiones sin interrupción, pues sin orden del Senado; no se le puede enviar ni víveres, ni vestuario, ni sueldo, de suerte que los propósitos de los cónsules quedarán sin efecto si el Senado se propone no entrar en sus miras o hacer oposición. El consumar o no los cónsules sus ideas y proyectos depende del Senado, pues en él está enviar sucesores concluido el año, o continuarle el mando.[…]

Por otra parte, como el pueblo tiene autoridad para concluir la guerra, por más distantes que se hallen de Roma, precisan, no obstante, su favor. Porque, como hemos manifestado antes, el pueblo es el que puede anular o ratificar los pactos y tratados. Y lo que es más que todo, una vez depuestos del mando, toca al pueblo el juicio de sus acciones. De suerte que de ninguna forma pueden sin peligro desatender ni la autoridad del Senado, ni el favor del pueblo.

Polibio de Megalopolis, Libro Sexto.

Funciones de los cónsules en el Imperio

Busto de Augusto en blanco y negro.
Busto del emperador Augusto. Augusto fue el primer emperador y durante su imperio se encargo de desguazar la magistratura del cónsul.

Ya anteriormente a la formación del Imperio, durante la crisis del último siglo de la República, la importancia de la magistratura consular fue decreciendo, sobretodo con César. Una de las primeras medidas de Augusto fue, efectivamente, la de reducir el poder de los cónsules, removiendo una numerosa cantidad de obligaciones y privilegios. Ocupar el puesto de cónsul pasó a ser solamente el de obtener una magistratura que otorga prestigio y honor a quien la ocupe pero no así poder como en el pasado. Invariablemente estas acciones llevarían a que el consulado se convierta en una magistratura pasajera para el Cursus honorum o un simple premio por parte del Emperador -ya que algunos emperadores solían premiar a Senadores y amigos con un cargo de Cónsul-. Esta desvalorización de la oficina llevarían a que el promedio de duración fuera de dos meses, los Cónsules solían renunciar y otros tomaban su lugar. Simplemente se buscaba ocupar el puesto a principio de año para ser Ordinarri, ya que el año tomaría el nombre de éstos dos cónsules. El medio para designar al Cónsul ya no era exclusivo de la asamblea, sino que también era muy normal que éstos fueran seleccionados por el Emperador mismo. Cabe hacer una observación, ya que la magistratura se revitalizaba momentáneamente con la muerte de cada Emperador, cuando esto ocurría los Cónsules gobernaban hasta la instauración de un sucesor

Constantino trae nuevos cambios. Su reforma asigna un Cónsul a Roma y otro Cónsul a Constantinopla, lo que obviamente trajo aún más discrepancias. Aún en la partición del Imperio en el Imperio Occidental y el Imperio Oriental cada Imperio elegía un Cónsul, designado por el Emperador correspondiente a cada uno de estos.

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