Augusto, el primer emperador romano

Biografía de Octavio Augusto, el primer emperador del Imperio romano y uno de los líderes más sagaces en la historia romana.

Augusto, el primer emperador romano

Augusto fue el primer y quizás el más importante de todos los emperadores del Imperio Romano. Su falta de escrúpulos y deseo de poder, combinados con una habilidad para la política e inteligencia notables, le permitieron obtener sus primeras victorias desde muy joven. Victorias que se repetirían a lo largo de su vida convirtiéndolo en el hombre de Estado más importante en la historia romana. No solo logró vengarse del asesinato de su tío-abuelo y padre adoptivo, Julio César, sino que además, y en contra de todos los pronósticos contemporáneos, logró salir victorioso en la guerra por el poder gestada entre sus fuerzas y la alianza (fugaz) entre Marco Antonio y los senadores encabezados por los asesinos de César. Con Augusto comienza la era de gloria del Imperio, es decir, el período que hoy denominamos como la Pax Romana o Pax Augusta. Un período de crecimiento constante y una medida expansión territorial que lograron cerrar las heridas que desangraron a Roma durante el último siglo de la República romana.

Augusto fue un prodigio político y, según sus propias palabras, un real benefactor del pueblo, característica que le ganó el apoyo incondicional de la población. Como gobernante se encargó de promover políticas dirigidas a la justicia, la agricultura, el urbanismo, y respetar su propia filosofía de que ordenar internamente un Estado era más meritorio que expandir sus fronteras.

Estatua de Augusto hallada en Prima Porta. Siglo I d. C.
Detalle de la estatua de Augusto hallada en Prima Porta. Siglo I d. C.

Nota importante: por motivos de dar al texto una mayor sencillez, utilizaremos el nombre de Octavio durante su juventud y el de Augusto durante su adultez para referirnos a este emperador. Como bien sabemos su nombre original era Octavio. Luego de la muerte de César, adoptó el nombre de Cayo Julio César Octaviano, y solo a partir del 16 de enero del 27 a. C. recibió el título de Augusto, que él utilizó como su nombre político durante todo su gobierno.

Sus primeros años

Octavio nace el 23 de septiembre del 63 a. C. en Roma, más precisamente en la comuna de Velitri, bajo el nombre de Cayo Octavio Turino (Gaius Octavius Thurinus). Su familia paterna era originaria de Veletri y pertenecía al orden ecuestre. Si bien no muy distinguida, era respetada en su entorno social. Entre las personas más importantes de la familia se encontraban su abuelo, un financista, y su padre, un político quien ofició como pretor en Macedonia y el cual muere en 58 a. C. siendo Octavio aún un niño de solo cuatro años. Por el lado materno Octavio era el hijo de Atia Balba Caesoria, hija de la querida hermana mayor de Julio César. Tras enviudar, Atia (su nombre es a veces castellanizado como Acia) contrae matrimonio con Lucio Marcio Filipo, personaje importante en la vida temprana de Octavio y hombre que lo educa con disciplina férrea.

Octavio comienza a utilizar su toga virilis a los 15 años, un año antes que el común denominador de los demás jóvenes romanos, lo que nos indica que maduró tempranamente. Así mismo, desde una edad temprana comienza a ocupar cargos de carácter político, siendo su primer obligación la de oficiar como pontífice en el Colegio de Pontífices -Collegium Pontificum-. Julio César, quien veía potencial en su joven sobrino nieto, solicita que Octavio forme parte de su campaña militar en África contra los remanentes de las fuerzas pompeyanas. No obstante, Atia declina la propuesta argumentando que Octavio era todavía muy joven para la dura vida de la campaña militar.

El prometedor joven finalmente se une a la campaña unos pocos años después, intentando participar en la campaña en Hispania llevada a cabo por César durante el último tramo de la guerra civil. Sin embargo, más allá de encontrar la gloria que buscaba, se enferma quedando prácticamente postrado durante el lapso de tiempo en el que las tropas partían a la guerra. Recuperado de sus males y deseoso de probarse, zarpa en un barco con un puñado de tropas a Hispania, pero otra vez la suerte volvería a abandonarlo cuando el barco se hunde cerca de la costa de destino. Octavio y un puñado de sobrevivientes logran llegar vivos a tierra y cruzar las líneas enemigas, logrando llegar al campamento de César, quien queda gratamente asombrado por la aptitud de su sobrino nieto y lo honra con la distinción de abordar su carroza en el regreso a Roma. César también toma una decisión que tendría repercusiones históricas y en 45 a. C. cambia en secreto su testamento nombrando a Octavio como su heredero e hijo adoptivo.

La muerte de Julio César

El 15 de marzo de 44 a. C. Julio César es traicionado y asesinado en el recinto del Senado por un grupo de senadores enemigos, entre los que se encontraba Marco Junio Bruto, uno de los tantos Optimates perdonados por César tras ser derrotados en la Guerra civil. Si bien los conspiradores creyeron que asesinando a César acabarían con sus problemas, el magnicidio tuvo consecuencias de magnitudes inesperadas, y durante el funeral varias multitudes iracundas se levantaron en contra de los asesinos y sus aliados en el Senado. Desesperados por el revuelo popular y temiendo un levantamiento armado de las masas de Roma, es entonces que varios senadores intentan entablar una fugaz y desesperada tregua con Marco Antonio, quien era, hasta ese entonces, la mano derecha y el aliado principal de César (y quien, con su elogio durante el funeral se encargó de enfurecer a la población en primer lugar).

Marco Antonio acepta el pedido de tregua, y tras declarar una amnistía en favor de los asesinos y utilizar a los veteranos de César para calmar las aguas, se aprovecha del caos y junto con su aliado Marco Emilio Lépido comienza agresivamente a asegurarse su sucesión. Capturando para sí mismo el tesoro público, declarándose gobernador de la Galia Cisalpina, e incluso teniendo la osadía de ocupar el palacio de Pompeyo. El Senado, que como acabamos de mencionar en un principio había intentado por necesidad acercarse a este, comienza a darse cuenta de que si lo dejaban seguir actuando a gusto y placer entonces Antonio concretaría todos los temores que estos tenían con respecto a César. Razón por la cual la fugaz tregua entre estos y Antonio no duró mucho tiempo y prontamente las tropas fieles al Senado, comenzarían a chocar contra las tropas de Antonio y Lépido.

El asesinato de Julio César, por Vincenzo Camuccini.
El asesinato de Julio César, por Vincenzo Camuccini.

Octavio intenta reclamar su herencia

Mientras ocurría todo lo mencionado anteriormente Octavio, según nos llega a través del historiador romano Suetonio, se encontraba en Apolonia -actual Albania- completando sus estudios en administración y estrategia. Al hacerse público el testamento de César y conocerse que Octavio era su heredero, este deja en claro sus intenciones políticas al cambiar su nombre al de Gayo Julio César Octaviano -Gaius Iulius Caesar Octavianus- (véase el artículo sobre el cambio de los nombres romanos).

Sabiendo que debía actuar rápidamente decide entonces dirigirse a Italia seguido por sus dos aliados y amigos: Marco Vipsanio Agripa y Cayo Mecenas. El joven heredero arriba a roma el 6 de mayo de 44 a. C., no obstante, debido a su corta edad, en ese entonces tan solo 18 años, al llegar fue desestimado por sus rivales. Principalmente por Marco Antonio, quien lo trató de niño. Octavio, sin embargo, busca apoyo entre los veteranos de César, y remarcando su condición de heredero e hijo adoptivo logra ganar la simpatía de los hombres al declarar su intención de hacer valer las cláusulas del testamento de César. Testamento en el cual, además de nombrarlo como heredero, el líder asesinado exigía que se entregue el tesoro al pueblo y a los soldados (fortuna que Marco Antonio pretendía guardarse para sí mismo). La casualidad y la suerte llevaron que un cometa pase surcando los cielos la noche en la que se estaba oficiando uno de los juegos en memoria de César, algo que Octavio aprovechó sagazmente para declarar ante el pueblo de que se trataba de una «señal divina».

Moneda conmemorativa del cometa de Julio César.
Moneda conmemorativa del cometa de Julio César.

Rivalidad con Marco Antonio

No transcurrió un tiempo prolongado en la turbulenta y caótica Roma de mediados del siglo I a. C. hasta que, luego de un confuso episodio, Antonio acusara a Octavio de conspirar contra su vida. La respuesta de Octavio fue el exigir pruebas, comenzando así un enfrentamiento entre ambos (debemos aclarar que para este entonces Antonio ya estaba en pie de guerra contra el Senado). Afortunadamente para Octavio, prontamente el joven heredero encontró varios aliados, entre los que se encontraban Marco Tulio Cicerón -el cual tenía un profundo odio hacia Marco Antonio- y varios patricios quienes donaron los fondos necesarios para que Octavio levante su propio ejército. A su vez recibe el apoyo del Senado, el cual buscaba debilitar a las facciones cesarianas, divididas en lealtad entre Octavio y Marco Antonio, haciéndolas luchar entre sí y así socorrer a Décimo Junio Bruto (no confundir con Marco Junio Bruto, su familiar y asesino de César), quien se encontraba asediado por Marco Antonio.

Gracias al apoyo del Senado Octavio es nombrado senador y recibe el Imperium Propretoriano, poder que le otorgaba la autoridad legal para comandar legiones. Ya con un ejército bajo su mando y el apoyo de los cónsules Cayo Vibio Pansa y Aulo Hircio, Octavio enfrenta a Marco Antonio en Mutina (actual Módena) en abril de 43 a. C. Si bien durante la batalla caen en combate Pansa e Hircio, Octavio logra imponerse gracias al estelar comando de las tropas por parte de Marco Vipsanio Agripa y derrotar a Marco Antonio de manera decisiva, obligando a este último a huir y replegarse en la Galia Narbonensis.

Octavio comienza su ascenso al poder

En un primer momento el Senado intenta ignorar la participación de Octavio en la victoria contra Marco Antonio, festejando en Roma un triunfo en honor a Bruto como si este hubiese sido quien derrotó a Antonio. Si bien el Senado intentó transferir el control de las legiones consulares a Décimo Bruto, Octavio se aprovecha de que ambos cónsules habían caído en batalla y toma el control total de las tropas, haciéndolas marchar hacia Roma en julio de 43 a. C. luego de que el Senado desestimara la embajada de centuriones que había enviado con el fin de pedir la consulatura para sí mismo.

Una vez en Roma, los senadores no tienen más remedio que acatar los pedidos del joven líder, quien exige ser declarado como cónsul y la anulación de la amnistía a los responsables por la muerte de César. Prontamente los senadores se encontrarían con que el niño que intentaban utilizar como instrumento para debilitar a Marco Antonio se había vuelto una figura de peso a la cual incluso las mismas tropas que habían sido enviadas a repelerlo terminaron uniéndosele bajo su estandarte.

Octavio ahora podía obtener un doble beneficio de sus acciones. Por un lado incrementar su poder político e influencia mientras que por otro lado podía complacer los deseos de venganza de los veteranos de César. Por esta razón comienza una serie de persecuciones y ejecuciones y a su vez, cumpliendo con lo establecido en el testamento de Julio César, distribuye el dinero del tesoro entre su ejército.

Antes de la edad se vio elevado a las magistraturas y honores, de los que muchos fueron de creación nueva y a perpetuidad. A los veinte años invadió el consulado, haciendo marchar hacia Roma amenazadoramente a sus legiones, y mandando diputados a exigir para él esta dignidad a nombre del ejército. Como vacilara el Senado, el centurión Cornelio, que iba al frente de la diputación, abrió su manto, y mostrando el puño de la espada, se atrevió a exclamar: Éste lo hará, si vosotros no lo hacéis.

Los doce césares: Augusto, Suetonio.

Nos cuenta Octavio, en su autobiografía, los hechos:

En mis diecinueve años, bajo mi propia iniciativa y a mi propia responsabilidad, levanté un ejército con el que liberaría al estado, el cual estaba oprimido por la facción dominante. Por esta razón, el Senado me enlistó bajo sus órdenes, cuando Gaius Pansa y Aulus Hirtius fueron Cónsules, asignándome el puesto de Cónsul y me dieron el Imperium. Conmigo como Propretor, me ordenó, junto con los Cónsules, a cuidar del estado. Pero el pueblo me hizo Cónsul en el mismo año, cuando los Cónsules perecieron en batalla, y me hicieron un triunviro para la reordenación del estado.

Res Gestae, Augusto.

El Segundo Triunvirato

A pesar de la derrota en la batalla sufrida en Módena, Marco Antonio seguía contando con un fuerte apoyo entre las tropas, y aún tenía bajo su poder el mando de un ejército considerable -de hecho las tropas de Octavio deseaban un acercamiento a este, ya que veían la necesidad de una alianza. Recordemos que tanto las tropas de Antonio como las de Octavio eran cesarianas-. Antonio, quien tenía primeramente la intención de contraatacar a Octavio, comienza reagrupar a sus fuerzas en la Galia, logrando reunir a varias legiones en el proceso. Sin embargo, la esperada batalla no llegó a tener lugar por varias razones. Octavio, al igual que Marco Emilio Lépido, sabía que si se diezmaban entre ellos eso solo significaría el fin de los cesarianos y tanto Marco Junio Bruto como Cayo Casio Longino, los asesinos de César, podrían estar tranquilos al no tener que enfrentarse a una fuerza contraria de peso. Por esta razón Lépido ofició de mediador entre Octavio y Antonio, resultándole sencillo plantear la necesidad de dicha alianza. Es entonces que el 19 de agosto de 43 a. C., y tras tres días de intensas charlas llegan en Bolonia a un acuerdo histórico: una alianza estratégica que les permita oponerse al Senado.

Estatuas de Octavio, Antonio y Lépido.
Los triunviros del Segundo triunvirato: Cayo Octavio Turino (Augusto), Marco Antonio y Marco Emilio Lépido

La alianza entre Antonio, Lépido y Octavio se basó en otra alianza muy conocida y recordada del pasado inmediato romano: el Triunvirato entre César, Pompeyo y Craso, hoy conocido como el Primer triunvirato. Bajo los términos del acuerdo en Bolonia los triunviros acceden a un poder especial por cinco años con el fin, al menos público, de «pacificar a la República». No obstante, sus verdaderas intenciones eran afianzarse en el poder y eliminar a la facción del Senado. Es así que tras definir las líneas finales del acuerdo se forma el Segundo triunvirato -Tresviri Republicae Constituendae- el cual es prontamente leído a los soldados quienes esperaban ansiosos la resolución. Sin esperar mucho tiempo y sin darle oportunidad a sus enemigos a actuar, se dirigen a Roma a los pocos días con el fin de darle al Triunvirato, y a diferencia del primero, valor legal. Con este fin presionan a la Asamblea de la Plebe para que impulse la Lex Titia, ley que les otorgaba dicha legalidad. La importancia de contar con este marco legal era más bien tener un escudo político contra las posibles acusaciones de dictadura que pronto llegarían por parte de sus rivales, acusaciones que podrían sin duda alguna causarles problemas.

La endeble salud de Octavio: según los historiadores clásicos, principalmente Suetonio, Octavio debía luchar tanto contra sus enemigos como contra sus problemas de salud. Viéndose postrado en varias oportunidades a lo largo del conflicto y en un estado tan debilitado que en ocasiones debía ser asistido para mantener su espalda erguida mientras montaba su caballo.

La venganza de los cesarianos

Inmediatamente estos tres hombres, y en especial sus actores más importantes, Antonio y Octavio, utilizarían una herramienta política muy particular de los momentos de crisis en Roma para deshacerse sus enemigos: las proscripciones. Llevando así a cabo una cacería humana de 300 senadores Optimates y más de dos mil personajes de la aristocracia romana aliados a dicha facción. Si bien Lépido pareció oponerse en un principio sus quejas fueron ignoradas. Antonio y Octavio estaban ocupados vengándose de sus enemigos, o al menos haciendo parecer que era una venganza. En efecto, además de vengar la muerte de César, también existía un motivo económico muy profundo en esta persecución. Las proscripciones les permitían apropiarse de los bienes de los proscritos, amasando así una fortuna envidiable que les otorgaba la posibilidad de incrementar su poder militar.

Para comprender los excesos cometidos durante las proscripciones debemos observar sus detalles más llamativos, hitos que nos dejan ver el alcance real de la situación, como es el hecho de que los triunviros incluso proscribieron a familiares con los que estaban enemistados con el único fin de apropiarse de sus bienes y propiedades.

Como Cónsul, Caius Octavio César promulgó una ley que proscribía a aquellos que estuvieron involucrados en el asesinato de su padre César; bajo los términos de esta ley, Marco Bruto, Caio Casio, y Décimo Bruto fueron condenados en su ausencia.

Asinius Pollio y Munatius Plancus se unieron a Marco Antonio con sus ejércitos fortaleciéndolo; y Décimo Bruto, a quien el Senado le había ordenado a Antonio perseguir, fue abandonado por sus legiones, huyendo, y eliminado posteriormente por Antonio.

Caio Octavio César hizo las paces con Antonio y Lépido. Por cinco años, se convirtieron en triunviros para revivir la República, y oponentes de Lepido, Antonio y César fueron proscritos. Muchos caballeros romanos, y los nombres de 130 senadores, fueron inscritos, algunos como Lucius Aemilius Paulus -el hermano de Lépido-, Lucius Caesar -un tío de Antonio-, y Marcus Tullius Cícero- El fue asesinado por Popillius, un legionario, a sus 63 años de edad. Su cabeza y mano derecha fueron expuestas en la plataforma de discursos

La Períoca, libro CXX (epítome de la obra de Tito Livio).

La sangre corría no solo por Roma, sino que por toda Italia podían verse cotidianamente excesos de todo tipo. Como estos eran diagramados por los triunviros y ejecutados por los soldados y los cazarrecompensas, los nuevos gobernantes debían mantener contentos a dichos ejecutores con grandes sumas de dinero. Por lo tanto, y para garantizar el apoyo de las tropas, se saquearon y usurparon un total de dieciocho ciudades, siendo Venosa (Venusia), Rímini (Ariminum) y Benevento (Beneventum) las principales damnificadas. La infraestructura de estas colonias, junto con las pertenencias de los cientos de proscritos y sus esclavos eran rutinariamente confiscadas y entregadas al ejército leal al Triunvirato como recompensa.

En efecto, el éxito en la cacería humana de los proscritos fue en gran parte debido a las recompensas ofrecidas. Por ejemplo, al soldado que matara a un proscrito y llevara su cabeza a Roma se le entregaba la exorbitante suma de 25.000 dracmas; mientras que los esclavos que asesinaran a sus amos proscritos obtenían como premio una manutención. Un recuento de las atrocidades cometidas en este período puede hallarse muy detallado en los textos de Apiano: Las Guerras Civiles de los Romanos, Libro IV. En este libro Apiano enumera varios crímenes e inclusos situaciones ocurridas durante el Segundo triunvirato. También podemos ver como la situación fue aprovechada por oportunistas para saldar cuentas personales:

Algunos fueron asesinados por error, o por malicia personal, contrario a las intenciones de los triunviros. Era evidente cuando un cadáver no era un proscrito, ya que su cabeza estaba todavía unida a su cuerpo, ya que las cabezas de los proscritos debían ser mostradas en el foro, donde era necesario llevarla si se quería cobrar las recompensas.

Las Guerras Civiles de los Romanos, libro IV. Apiano de Alejandría.

El Senado intenta contraatacar

Mientras que la gran mayoría de los Optimates pagaban con sangre por la muerte de Julio César en Roma, los principales responsables, Bruto y Casio, se encontraban muy lejos de las garras de los triunviros, ya que estos habían oportunamente huido hacia el este con anterioridad. Lugar desde el cual intentaban levantar un ejército considerable (sumando unas 18 legiones) con la intención de realizar una futura expedición en Italia y recapturar Roma. Por dicha razón, los triunviros, debieron apresurarse y así evitar permitirle a los Optimates y la facción del Senado en el exilio que siguieran juntando tropas y recursos. Es entonces que Octavio y Antonio zarpan hacia Oriente para enfrentarse contra sus enemigos. Tras una breve serie de escaramuzas menores chocan finalmente en octubre de 42 a. C. con el grueso de sus fuerzas en Anfípolis -como se encontraba cerca de Filipos hoy se suele denominar como «La batalla de Filipos»-.

Sabemos gracias a Plutarco y Apiano cómo es que se dieron los hechos. En un principio la facción de los Optimates llevaba una ventaja tanto táctica como estratégica además de contar con mejor armamento y suministros para sus soldados. Ciertamente a priori daba la impresión de que estos serían los victoriosos. No obstante, un fracaso personal de Casio en el campo de batalla lo lleva a creer erróneamente que todo estaba perdido, y se quita su vida dejando a Bruto a la deriva. Debido a esto, en menos de una semana el ejército de Bruto es derrotado y este sigue los pasos de Casio atravesando su abdomen con su espada terminando así con su propia vida.

Expulsé a los hombres que asesinaron a mi padre al exilio con una orden legal, castigando el crimen, y luego de esto, cuando llevaron guerra al estado, los conquisté en dos batallas.

Res Gestae, Augusto

Sin embargo, Suetonio comenta la crueldad con la que Octavio trataría a los vencidos:

Lograda la alianza con Antonio y Lépido, terminó también en dos batallas la guerra Filipense, a pesar de estar débil y enfermo. En la primera le tomaron su campamento, consiguiendo escapar con gran esfuerzo, ganando el ala que mandaba Antonio. No mostró moderación en la victoria, enviando a Roma la cabeza de Bruto, para que la arrojaran a los pies de la estatua de César, aumentado así con sangrientos ultrajes los castigos que impuso a los prisioneros más ilustres. Se refiere que a uno de éstos, que le suplicaba le concediese sepultura, le contestó que aquel favor pertenecía a los buitres; a otros, padre e hijo, que le pedían la vida, les mandó la jugasen a la suerte o combatiesen entre si, prometiendo otorgar gracia al vencedor; el padre se arrojó entonces contra la espada del hijo, y éste, al verle muerto, se quitó la vida, mientras Octavio los veía morir complacido.

Los doce césares: Augusto, Suetonio.

División de la República

Sin oponentes fuertes de los que preocuparse, más que por ellos mismos y sus posibles traiciones internas, Octavio, quien pronto se haría llamar Imperator Caesar Divi Filius, se dirige a Roma y toma el control de la parte occidental de la República, mientras que Marco Antonio se dirige hacia Egipto donde toma posesión de la parte oriental. Lugar en el cual rápidamente entabla una relación amorosa con Cleopatra, quien le daría tres hijos: Alexandros helios, Cleopatra Selene y Ptolomeo Filadelfio. En Oriente Marco Antonio intentaría concretar contra los Partos la guerra que Julio César había planeado justo antes de ser asesinado.

Los triunviros dueños indiscutidos del mundo Romano

Ya en Roma, Octavio continúa avanzando y fortaleciendo su posición tanto política como económica. Para esto sigue valiéndose de las proscripciones, aunque a un ritmo mucho menor comparado con las anteriores.
Marco Antonio, por otro lado, se encontraba en Egipto junto a Cleopatra, su amante, y quien, según Plutarco en su libro Vidas Paralelas, lo manipulaba fácilmente y utilizaba para cumplir sus ambiciones personales. La esposa de Marco Antonio, Fulvia, convenció a su cuñado, es decir el hermano de Antonio, para intentar iniciar un levantamiento armado en Italia. Este levantamiento no sería difícil de lograr, ya que miles de desposeídos a causa de las proscripciones y expulsiones se encontraban en un estado de rebelión y cualquier excusa hubiese sido suficiente para hacerlos estallar en armas. Como si todo esto ya no fuese poco, además, los que no habían sido expulsados debían soportar el desgaste económico y la inflación producto de años marcados con conflictos internos y guerras civiles. Es entonces que en la ciudad etrusca de Perusia (Perugia) en el año 41 a. C. se inicia la primera gran revuelta desde la batalla de Filipos. Octavio, sin más remedio, debe responder militarmente ante esta insurrección. Si bien no fue una insurrección menor, gracias al talento militar de Agripa, su hombre de mayor confianza y mejor amigo, es que se logra triunfar sobre los insurrectos. Sin embargo, esto daña fuertemente armonía entre Octavio y Antonio, llevando a que ambos entren en un enfrentamiento bélico que amenazaba con iniciar una nueva guerra civil.

Es imposible saber qué ocurrió realmente, aunque sí contamos con dos versiones históricas del por qué sucedió este episodio. La primera establece que Fulvia, la esposa oficial de Antonio, viendo a su marido claramente enamorado de otra mujer, sedujo al hermano de este como último recurso para asegurarse una tajada del poder Romano. Cleopatra, mientras tanto, al enterarse de lo ocurrido, utilizó la respuesta militar de Octavio en su favor para así lograr que Antonio intente sacar del tablero a Octavio con una acción militar contundente. La segunda posible versión de lo ocurrido es que Octavio creyera que este levantamiento fuera en realidad un ardid planeado por Marco Antonio con el fin de dañar su imagen y sacarlo del poder. De las dos versiones, sin embargo, es la primera la más aceptada.

El pacto de Brindisi

Sin importar los causales, lo cierto es que dicha insurrección dañó fuertemente la relación entre Marco Antonio y Octavio, al punto de que Antonio, movido por los consejos de Cleopatra, desembarcó con un ejército en Brindisi sitiando a las tropas de Octavio. El destino quiso, nuevamente, que los ejércitos de ambos no quieran enfrentarse, ya que ambos ejércitos eran veteranos cesarianos y muchos de los soldados habían luchado codo a codo en el pasado, obligando así a los generales a negociar -jugando un papel importante también el que el rey Pacoro, de Oriente, le estuviera dando serios dolores de cabezas a Antonio-. De esta negociación tiene origen el Pacto de Brindisi (40 a. C.) donde se divide el mundo en esferas de poder: Octavio dominaría sobre Occidente; Marco Antonio sobre Oriente y Lépido sobre África. Para sellar esta nueva reconciliación se arregla un matrimonio por interés entre Octavia, la hermana de Octavio, y Marco Antonio. La unión duró un total de cuatro años y Octavia le dio dos hijas, ambas llamadas Antonia, como era costumbre en el sistema de nombres de las mujeres romanas. Dicho matrimonio, no obstante, fue conflictivo, ya que debió de atravesar por el constante choque de mundos entre ambos. Octavia, culta y refinada, preferiría pasar su tiempo escuchando a filósofos en Grecia; Marco Antonio, un hombre al que solo le importaba la guerra y los placeres carnales, preferiría volver a su vida antigua junto a Cleopatra. Por esta razón, y sabiendo que arriesgaba lo pactado en Brindisi, envía a Octavia a Roma y él vuelve junto a Cleopatra. Iniciando casi en simultáneo una guerra contra Persia, conflicto que diezmo a gran parte de su ejército. Es en este punto de la historia donde comienzan a definirse los eventos que llevarían a Roma hacia una nueva guerra civil. Antonio contrae matrimonio con Cleopatra y declara a los dos hijos de esta como herederos, en especial a Cesarión, el hijo de Cleopatra con Julio César e hijo adoptivo de Antonio, quien es nombrado príncipe heredero de Egipto y Chipre.

La renovación del triunvirato

Si bien tanto Octavio como Marco Antonio entendían que a la larga un conflicto armado entre ambos era inevitable, otras amenazas los llevaron a tener que negociar una tregua. Mientras Marco Antonio se encontraba en Egipto afianzando su poder y gestando una guerra contra Persia, Octavio se dirige al sur de Italia y comienza una guerra en Sicilia. No obstante, sus tropas y poder se verían amenazados por los constantes saqueos y actos de piratería llevados a cabo por los piratas de Sexto Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno, y quien prácticamente había bloqueado el ingreso de grano a Italia a través del Mediterráneo. Si bien, Octavio intenta eliminar decisivamente a esta amenaza, la experiencia naval de los piratas y una oportuna tormenta que diezma la flota octaviana, ponen al heredero de César en una situación crítica, dejándolo sin más remedio que recurrir a Antonio por ayuda. Esta ayuda se materializa a cambio de una prórroga por cinco años del triunvirato, firmada en Tarento en 38 a. C. Gracias a esto Octavio logra contar con 120 navíos suministrados por Marco Antonio los cuales, puestos al mando de Agripa, sirvieron para invadir las bases de Sexto Pompeyo en Sicilia.

La guerra de Sicilia fue una de sus primeras empresas, pero la condujo despacio, interrumpiéndola muchas veces, tanto para reparar el daño causado a sus flotas, incluso durante el verano, por continuas tempestades y naufragios, como para hacer la paz a instancias del pueblo, que, interceptados los víveres, se veía amenazado por el hambre. Cuando hizo reparar los buques y adiestró en la maniobra a veinte mil esclavos a quienes concedió la libertad, creó el puerto Julio, cerca de Baias, y abrió al mar el lago Lucrino y el Averno

Los doce césares: Augusto, Suetonio.

Gracias a los refuerzos y el comando de Agripa, los piratas comienzan a ser gradualmente derrotados en varias batallas, siendo las dos batallas decisivas la de Mylas y finalmente el 3 de noviembre de 36 a. C. la de Nauloco. Logrando así eliminar a la escuadra principal del hijo de Pompeyo Magno y terminar con la amenaza.

Lépido, de quien hacía rato se sospechaba que tenía una amistad y estaba en sociedad con Sexto Pompeyo, intentó oponerse al heredero de César exigiendo ser nombrado como líder de Roma. Octavio rápidamente se opone a este intento de apropiación del poder y despoja a Lépido de sus legiones y de su poder triunviral, obligándolo a exiliarse en Circei ese mismo año.

Sin embargo, los conflictos entre los triunviros estarían lejos de ser resueltos y prácticamente al mismo tiempo en el que Lépido era exiliado, Marco Antonio abandonaba definitivamente a Octavia al pedir un divorcio poniendo en jaque la alianza pactada en Brindisi.

La calma antes de la tormenta

Con los piratas erradicados el grano comenzó a fluir nuevamente hacia los silos de Roma. Una suerte de renacer económico descongeló capitales y varias políticas eficaces le ganaron el apoyo popular a Octavio. Estas políticas consistieron en la asignación de tierras, esta vez fuera de Italia, a veteranos de guerra y un astuto plan de construcciones públicas coordinadas por Agripa que llevaron a la construcción de acueductos y estructuras públicas (Agripa utiliza su propio pie como el estándar del pie romano). Era notable a este punto la evolución y maduración de Octavio, quien se viera embestido con un gran poder desde muy joven. Ya convertido en un hombre de 27 años, sus acciones no eran pasionales como en el pasado, sino que eran claramente el producto de la meditación y ponderación de las posibles consecuencias. Ciertamente Octavio comenzaba a convertirse en el Augusto que la historia ha inmortalizado.

La Guerra Civil

Los dominios romanos estaban divididos entre Oriente y Occidente. Mientras Octavio se encargaba de apoyar la agricultura y la integración de las provincias a Roma en Occidente, Marco Antonio se ocupaba de campañas militares y de la reorganización de Egipto. A la vez, Octavio reafirmaba fuertemente su poder político utilizando el nombre Caesar divi filius. Julio César había sido deificado y declarado como de carácter divino. Al ser su heredero, Octavio pasa así a asociar a su persona con dicho carácter divino.

Octavio avanza contra Marco Antonio

El heredero de César comienza entonces a llevar a cabo una política agresiva de desprestigio y quita de poder contra su contrincante Marco Antonio. Seguido por una escolta armada de partidarios echaría del Senado a 400 aliados de Antonio -incluso los dos cónsules, instalando a dos nuevos cónsules que lo favorecieran a él-. A su vez, sería llamado dux por el Senado, un título asociado con el poder total sobre las tropas, y haciendo algo considerado como impensable hasta ese momento en la sociedad romana obliga a las vírgenes vestales a entregar el testamento de Marco Antonio -testamento del cual hoy en día se tienen dudas sobre su veracidad-. Con el testamento en su poder se dirige hacia la Asamblea de la Plebe y procede a leerlo ante una multitud que escucha indignada la favorecida posición en la que se encontraba Cleopatra -Antonio entre otros acuerdos le deja parte de varias provincias Romanas en Oriente y una cuantiosa fortuna a esta y a sus hijos-. Enfurecidos por la aparente traición de Marco Antonio, este es entonces destituido de su poder de triunviro y se declara unánimemente la guerra contra Cleopatra guerra Ptolomeica, como es conocida actualmente- por usurpación de posesiones romanas.

La guerra Ptolomeica

A diferencia de los conflictos anteriores la guerra civil entre Octavio y Marco Antonio, es decir la cuarta guerra civil sufrida por los romanos, sería relativamente breve y decisiva.

El 2 de septiembre de 31 a. C. frente al golfo de Ambracia y el promontorio de Accio (Actium) -Grecia-, las naves de Octavio al mando de sus jefes militares Marco Vipsanio Agripa, Lucio Arruncio y Marco Lurio (por mar) y Tito Estatilio Tauro (por tierra) lograron infligir fuertes bajas en la flota antoniana luego de una osada pero a su vez efectiva maniobra naval. La batalla fue de tal magnitud que miles murieron, Maro Antonio y Cleopatra abandonan a sus hombres a la suerte y se quitan sus vidas al poco tiempo. Las tropas y legiones antonianas comienzan a capitular ante Octavio, el cual quedaba como único dueño del mundo romano. Con este hecho nacería el Imperio romano y llegaría el fin de la República.

Mapa de la batalla de Accio.
Esquema de la batalla naval de Accio entre las fuerzas de Octavio (Augusto) y Marco Antonio el 2 de septiembre de 31 a. C. La misma tuvo lugar en el golfo de Ambracia y el promontorio de Accio (Actium).

Legiones repetidas: al recibir los remanentes de Marco Antonio el ejército romano se encontraba con un desorden organizacional sonando. De hecho, varias legiones estaban repetidas, habiendo, por ejemplo, dos legiones número X en simultáneo. Ver sección sobre las legiones gemelas en nuestro artículo sobre las legiones romanas.

Octavio se convierte en Augusto: El principado

El principado es un conjunto de características sociopolíticas que actualmente conocemos como Monarquía Augusta. Octavio ya tenía la parte Occidental del imperio aliada a él y con la derrota de Marco Antonio, y todos los personajes fuertes que podían presentarle oposición alguna, Oriente no tuvo más opción que jurar lealtad al nuevo líder. Quedando de esta manera una situación que nunca antes se había dado, un solo hombre tenía el poder suficiente como para convertirse en un monarca sin una oposición que contrarrestara su fuerza tanto política, militar como económica.

Al regresar a Roma la población no solo lo veía como a un héroe sino que también como a un salvador que restauraría el orden luego de tantas décadas de caos y guerra civil. Los festejos que se le realizaron duraron tres días, Octavio por su parte recompensó a sus soldados con una cuantiosa suma de dinero y a cada veterano le otorgó una parcela de tierra cultivable, de esta manera contentando y uniendo a las tropas incondicionalmente a su lado. También perdonó impuestos retroactivos haciendo quemar públicamente los registros de sus deudas con el estado. Además de esto, se dio algo que no es normal en los líderes, Octavio utilizaría su fortuna personal para aliviar a la población. Aunque varios estudiosos aseguren que esto fue buscando con un fin propagandístico a cambio, de todas maneras fue un gesto encomiable. Gracias a tan generosas inversiones no solo redujo el déficit del Estado sino que también pagó raciones de trigo para los más pobres, promovió el embellecimiento de Roma y dio ayuda a las provincias que sufrían de inundaciones y terremotos. Poco tiempo después convencería al Senado que se le declare Princeps Senatus -el primero entre los senadores-. Sin embargo, se lo terminaría llamando Princeps a secas y esto se convertiría en un título posteriormente.

Esta situación fue alcanzada por como se dieron los eventos pasados, no podemos decir que existiera un plan preconcebido para llegar a este punto de desarrollo en la configuración gubernamental. Octavio quería, necesitaba en sí, mantener las antiguas instituciones republicanas. No obstante, lo haría con un cambio radical: estas ahora se encontrarían bajo la tutela y control de un Princeps, es decir, de un gobernante con un gran poder que sirviera de árbitro y agilizara la burocracia estatal. En resumen: el Princeps sería la cabeza del Estado Romano.

El mayor de los obstáculos fue cómo presentar este nuevo modelo de gobierno ante la sociedad romana en su conjunto, ya que Roma todavía apegada a sus antiguas tradiciones republicanas no aceptaría directamente un nuevo Rey, después de todo siglos de ataques contra la monarquía calaron hondo en el pueblo Romano. Augusto ciertamente se encontraba en una encrucijada, no podía declararse directamente Rey ni tampoco podía da un paso al costado arriesgaría una nueva guerra civil entre generales y senadores, algo con lo que deseaba terminar desde un principio. De todas maneras, gracias a su característico don para solucionar problemas inteligentemente, encontraría en la manera de resolver este obstáculo. Presentaría al Principado como avalado por la ley y las instituciones romanas, y haría que el cambio fuera un proceso gradual.
La fecha en la que se suele considerar el inicio del Principado es el 13 de Enero del 27 aC. Ya que dicho día, en un evento que no sabemos cuánto tuvo de natural y cuánto tuvo de planificación, en una sesión solemne del Senado, Octavio pronuncia su famoso discurso anunciando que haría un paso al costado dejando de lado la política para dedicarse a la vida privada y el poder sería retornado al Senado. Con este fin capitularía sus ejércitos personales y entregaría el mando militar. Sin embargo, ese mismo día en el que supuestamente abandonaría la política «cedería» a los ruegos del Senado y del pueblo aceptando tomar el Proconsulado de todas las provincias fronterizas a pacificar, así como convertirse en el general de todos los territorios con guarniciones militares, obteniendo de esta manera poder de mando sobre las legiones y teniendo control de manera legal sobre las tropas. De todas maneras esto seguiría siendo una monarquía oculta bajo una falsa ilusión de República, como diría Séneca: «El soberano se disimulaba bajo el manto de la Republica».

Con un Consensus universorum se le otorgan poderes especiales este mismo año. Al poco tiempo recibiría el título de Augusto, que transformaría en su nuevo cognomen -ver artículo sobre los nombres romanos para más información-. La importancia de su nuevo título era de gran significancia. Augusto tenía una connotación religiosa y daba carácter divino a su misión -varios autores sugieren que uno de los principales motivos de cambiar su nombre fue el de separar el duro y severo reinado como Octavio bajo constantes proscripciones y saqueos, por el nuevo reinado benevolente que vendria de la mano de Augusto-. Augusto nos cuenta:

En mi sexto y séptimo consulado (28, 27 ac), después de terminar la guerra civil, y habiendo obtenido todas las cosas por consentimiento universal, le retorné el poder del estado al Senado y al pueblo Romano. Por este mérito mío, por un decreto del Senado, fui llamado Augusto y mi frente fue públicamente vestida con una corona de laurel y una corona cívica, un escudo de oro fue puesto en la puerta Juliana del Senado, la inscripción del escudo atestiguaba a la virtud, merced, justicia y piedad, por la que la gente de Roma me la han otorgado. En ese tiempo excedía a todos en influencia, pero no tenía más poder que los otros que tenían mis colegas en cada magistratura.

En el 23 aC Obtiene la Tribunicia potestas -perpetua pero de renovación anual y que le permitía el ius intercessionis, el poder de vetar a otros magistrados, y reunir al Senado bajo su tutela. Debemos mencionar además que se le da el poder pero no el título-. También se le otorga el Imperium Proconsulare Maius -poder sobre todos los procónsules-, un Imperium que hacía su poder de mando superior al de los otros Procónsules, de esta manera las provincias senatoriales quedaban bajo su mando y esto le daba autoridad directa sobre el ejército, así como tener el control de dirección sobre la política exterior Romana. Además de todo lo anteriormente expuesto a Augusto se le permite el derecho de vestir en su cabeza la corona de laurel y la insignia consular. También contaría con la Autoridad tribunica Augusta, la cual le daba el poder de un Censor, de esta manera combinando los poderes de un Tribuno y de un Censor logra tener un poder fuerte de control sobre el Senado. Como aclaración, con el Imperium Maius solo se le permitía a Augusto vestir la corona cívica y tener triunfo -ser celebrado públicamente por sus triunfos y conquistas-.

En el 22 aC al no resultar ser elegido como Cónsul la población interpretó dicho evento como que el Senado pretendía aislar a Augusto del poder, esto llevó a una revuelta y durante los años 22, 21 y 20 aC no permitieron la elección de dos Cónsules, sino solo de uno, dejándole un puesto libre a Augusto para cuando éste deseara tomarlo. En el 19 ac el Senado le permite a Augusto poder utilizar la insignia consular en público y frente al Senado, sin importar que en dicho momento Augusto fuera o no Cónsul. En si lo que buscaban es que éste lo parezca ante la población para evitar disturbios. Otra aclaración pertinente es que realmente nunca se presentó como Rey o Monarca, sino que siempre lo hizo como Princeps, y esto se hace evidente en los párrafos de su autobiografía que hemos expuesto. En las palabras del propio Augusto:

Cuando se me ofreció la Dictadura, tanto en mi presencia como en mi ausencia, por la gente y el Senado, cuando Marcus Marcellus y Lucius Arruntius fueron Cónsules, No lo acepté. Cuando se me ofreció la Dictadura, tanto en mi presencia como en mi ausencia, por la gente y el Senado, cuando Marcus Marcellus y Lucius Arruntius fueron Cónsules, No lo acepté.

En el 13 a. C. muere Lépido y Augusto toma su título de Pontifex Maximus. De esta manera no solo logra reforzar su prestigio político, sino que también fortalece la religión romana por sobre las orientales, a las cuales mostró una gran hostilidad. Siendo Pontifex Maximus pudo reforzar la imagen del culto imperial, la cual fue uno de los pilares de los Principados siguientes. Varios monumentos y altares se levantaron en nombre al Emperador y Julio César fue adorado como un Dios y puesto junto a Apolo. Es importante destacar que Augusto permitió esto solo en algunas provincias donde la tradición de estas lo favorecían. En el 2 dC sería nombrado Pater Patriae -Padre de la patria-.

Listado cronológico de sus cargos en el Principado

CargoPoderAño
Princeps SenatusEl primero entre los senadores28 ac
AugustoTítulo, y posteriormente cognomen, que reflejaba su misión divina.27 ac
Poder proconsularGalia, Hispania y Siria27 ac
Tribuno vitalicioLe otorgaba inmunidad constitucional, poder de veto sobre otros magistrados23 ac
Consul vitalicioPoder de Cónsul de por vida.19 ac
Pontifex MaximusMayor cargo religioso del Colegio de pontífices13 ac
Pater PatriaePadre de la patria2 dc

Su familia y los problemas de encontrar un sucesor

Tras un fallido matrimonio con Claudia, Octavio, a los 23 años en el 40 ac se une en matrimonio a Escribonia, fue un matrimonio por arreglo que no nació del amor sino del interés. Su única hija fue Julia, nacida el 39 aC. Este matrimonio tendría una breve duración y se divorciarían rápidamente, ya que en el 38 Octavio se enamora de Livia, la cual estaba casada con Tiberio Claudio Nerón. Octavio les comanda que se divorcien y el se casa con Livia estando ella embarazada del segundo hijo de Tiberio -ya tenían un hijo de 3 años, llamado como su padre: Tiberio. El hijo que esperaban sería llamado Druso-. Este matrimonio resulta ser duradero y aparentemente feliz. Lamentablemente no pueden tener hijos.

Augusto preocupado por encontrar un sucesor que lo reemplazara a su muerte comienza a planear relaciones familiares para establecer una línea de sucesión. Con este fin casa a su hija Julia con su sobrino Macerllus, quien no es acompañado por la fortuna y muere dos años después. Julia, quien tenía la edad de 16 años cuando Marcellus muere, y sin haber tenido descendencia con éste, contrae matrimonio con Agripa, el general de confianza de Augusto. De este matrimonio nacen dos hijos. Gaius (20 aC) y Lucius (17 aC), quienes son adoptados por Augusto. Pero éstos mueren jóvenes y Agripa muere el 12 dC.

Familia Imperial de César Augusto.
Gracias al Relieve de la Procesión Imperial del Ara Pacis tenemos una imagen completa de la familia de Augusto. En esta fotografía solo falta Augusto, quien está a la izquierda rodeado por los dos cónsules.

Augusto con el paso de los años se ve en la necesidad de dejar un sucesor claro para evitar las guerras que llevaría decidirlo de otra manera. Desafortunadamente no le queda otra opción que tomar como heredero al hijo mayor de Livia, Tiberio en el 4 dC, quien se encontraba casado con la hija de Agripa, siendo obligado a divorciarse para contraer matrimonio con Julia y así tener un vínculo sanguíneo a Augusto. Al morir Augusto Tiberio lo sucede sin resistencia.

Últimos años

Ya anciano Augusto comenzó a retraerse de la vida pública, esto se hace notable por los tiempos que pasaba alejado y encerrado en su casa dedicando tiempo a sus propias actividades y a la lectura. En el año 14 dC planea un viaje junto a Tiberio con rumbo a Capria. Pero al dejar Roma la salud de Augusto empeora notablemente. Estando en Capria Augusto decide volver a Roma pero muere camino a ésta cuando se encontraba en Nola, el 19 de agosto -mes que pasaría a llevar su nombre- el 14 dC a los75 años de edad. Luego de ser llevado a Roma donde recibió un funeral digno de un rey, llevado en hombros de los senadores. Sus restos, luego de ser cremado en el Campo de Marte, fueron depositados en el Mausoleo Augusto. Así pasaba a la historia como uno de los hombres más grandes de esta.

Problemas fisicos

De diferentes fuentes sabemos que Augusto sufrió de varios problemas de salud. Una de sus dolencias más agudas era el insomnio. Esta dio a la historia una situación muy graciosa que nos llega por los relatos de Macrobio. Nos cuenta que el Emperador escuchando como un hombre que había fallecido hacía unos días había logrado pagar una deuda tan cuantiosa que todos creían era impagable, Augusto repentinamente pide que le traigan la almohada de éste hombre. Los que lo rodeaban sorprendidos le preguntan el por qué de este reclamo. Augusto les responde que de alguna manera las almohadas estaban ligadas al sueño, si éste hombre lograba concebir el sueño con tan pesado problema, seguramente contaría con una buena almohada.

Entre otras dolencias Augusto sufrió de: Artritis, tiña, tifus, catarro, cálculos en la vejiga y serios malestares estomacales. Son sabidas las veces que sus enfermedades y gripes le trajeron problemas en el campo de batalla. Por ejemplo en su primer enfrentamiento contra Marco Antonio una descompostura estomacal seguida de diarrea le presentó varios problemas en el campo de batalla. Otro episodio similar se da cuando parte con Antonio hacia Oriente para enfrentarse contra Casio y Bruto. Este último logra darle un certero golpe a su campamento mientras Octavio se encontraba enfermo con una gripe severa.